9 febrero, 2018

Resucitó y Andó

Y entonces López Obrador dijo: Ebrard, levántate y anda. Y Marcelo andó. Al parecer, la ruptura entre el dirigente de MORENA y el ex jefe de gobierno subsanó, logrando que el tabasqueño le diera una segunda oportunidad.

Marcelo Ebrard Casaubón, resucitó la semana pasada, esto al ser nombrado operador político en la campaña de Andrés Manuel. El anuncio oficial se hizo el pasado 2 de febrero, en una ceremonia encabezada por el precandidato de Regeneración Nacional. Coordinador Regional de Campaña, para la Defensa del Voto, fue el cargo que se le otorgó, su tarea consiste en “evitar fraude” en los estados de Jalisco, Nayarit, Sinaloa, Sonora, Baja California, Chihuahua, y Durango, demarcaciones pertenecientes a la circunscripción número 1, dentro de la estructura de AMLO. El resto de las circunscripciones quedaron a cargo de personalidades como Ricardo Monreal, Julio Sherer Ibarra, Rabindranath Salazar Osorio y, Bertha Elena Luján.

El regreso de Marcelo se avecinaba, desde su intempestivo autoexilio del país, Ebrard nunca dejó de operar en favor de Obrador; durante su estancia en el extranjero, reunió contactos y tejió estructuras, para brindarle una mayor cobertura.

Hacia julio del año pasado, publiqué un artículo (aquí mismo) titulado: El regreso de Marcelo Ebrard. En el, analizaba la trayectoria del ex alcalde; desde su ingreso a las filas del PRI hasta su salida como jefe de gobierno del D.F. En las últimas líneas del texto, apuntaba su posible retorno, tomando como base una entrevista que concedió al semanario Proceso. Cito algunas de las preguntas con las que culmina el texto:

“¿Ebrard Casaubón regresará a los reflectores de la política nacional? ¿Volverá a figurar entre los presidenciables? ¿Esta es su última oportunidad? O simplemente es una señal falsa para sellar su salida final en la política.” Por el tono de las preguntas, claramente su futuro político era imprevisible, puesto que en aquellas fechas se encontraba en un péndulo: resucitar o morir. Sin embargo, todo fue una mala pasada, de la ruleta política.

Empero, para aquellos que rastreen su trayectoria, encontrarán una innegable constante: Marcelo Ebrard siempre ha sobrevivido de último momento. En 1994, cuando Carlos Salinas de Gortari no eligió a Manuel Camacho Solís como sucesor, esté ocupó diversos cargos antes de dimitir del partido. Marcelo siempre estuvo a su lado; para 1999, ambos ya sin futuro político, fundaron el Partido Centro Democrático (PCD), un partido sin posibilidad de competencia, pero con votos clave para inclinar la balanza electoral. Esto a su vez les funcionó como trampolín; puesto que los dos se unieron al PRD, pactando así su futuro.

Ya con López Obrador como jefe de gobierno y, Ebrard Casaubón como Secretario de Seguridad Pública de su gabinete, un suceso marcó la Ciudad de México, en 2004; el linchamiento de dos agentes de la Policía Federal Preventiva a manos de pobladores de la delegación Tláhuac, debido a un posible “mal entendido”.

La respuesta no tardó en llegar, y el golpeteo político desde los pinos se hizo sentir, el entonces presidente Vicente Fox, ordenó la destitución del Secretario de Seguridad Pública, según él, por omisión y negligencia.

No obstante, el jefe de gobierno y su aliado más cercano, no permitió su caída; a la decisión de Fox sobrevino una operación para su rescate, inmediatamente después de su destitución fue nombrado Secretario de Desarrollo Social.

A la salida de AMLO, la decisión era clara, Ebrard se convirtió en su sucesor. Una señal más del lazo de amistad entre ambos. Pero también, una señal inequívoca para los analistas: la izquierda había llegado para quedarse con la ciudad, quitarles esa cabeza de playa no será una tarea fácil.

Después de estar al frente de la ciudad, una nueva tormenta sobrevino. La construcción de la Línea 12 del metro, hundió lenta y profundamente a Marcelo; las múltiples fallas y los constantes rumores de corrupción, minaron la posición de Ebrard. Eso, sumado a la decisión de disputar la candidatura presidencial, fracturaron el terreno de juego, con miras a un futuro prometedor.

Disputar la candidatura presidencial a AMLO, en 2006, hubiese sido un suicidio. Afortunadamente, Ebrard lo entendió a tiempo y acertó en retirarse. Pese a ello, su salida no fue del todo sana, lo que provocó una supuesta ruptura. En política nunca se debe cortar por completo una relación, de lo contrario intentar rehacerla se volverá imposible.

Internacionalista de profesión, político de vocación, a su salida del país, Ebrard Casaubón radicó en Estados Unidos y Francia. A su paso por el país de las barras y las estrellas, se comenta que realizó una posible operación, para la creación de una estructura de votantes, con miras de apoyo al candidato de MORENA. Específicamente en zonas fronterizas, demarcaciones donde el voto de los indocumentados será importante para estas elecciones.

No olvidemos también, sobre el papel que intentó desempeñar en la campaña de Hillary Clinton, algunos medios informaban sobre un posible asesoramiento para la entonces candidata demócrata a la presidencia norteamericana.

Pese a que se mantuvo un tanto reticente, Andrés Manuel, guardó la ficha de Ebrard para el momento indicado; todo parecía mostrar que no lo incorporaría a su campaña, las habladurías comentaban la posible ruptura permanente entre ambos. A pesar de todo ello, López Obrador lo resucitó, como en los viejos tiempos.

Resta observar el desempeño de su alfil como operador político, si es el adecuado, el futuro le promete un papel acorde a su desempeño, y formación. Quizá, la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Déjanos tu opinión

Leave a Comment