21 enero, 2018

Autodefensas en México: una larga tradición

Las autodefensas no son algo nuevo en nuestro país. Hace siglo y medio, en algunas poblaciones del estado de Chihuahua como Namiquipa, Casas Grandes, Galeana, Janos y Cruces, los pobladores tuvieron que armarse por sí mismos, para defenderse de las invasiones de los apaches; mismas que se acentuaron en la segunda mitad del siglo XIX, consecuencia del exterminio perpetrado por los invasores anglosajones, ahora conocidos como norteamericanos.

Los habitantes de aquellos pueblos no tenían otra opción, el gobierno mexicano central era incapaz de proteger la frontera del norte, resultado de la inestabilidad política desde la Independencia hasta el Porfiriato. Por lo que la violencia era el pan de cada día en aquellas tierras poco habitadas. Incluso se generó una alianza temporal entre algunos grandes hacendados como Luís Terrazas y los colonos, rancheros, campesinos de Chihuahua, para contener el avance de los apaches. El libro de Friedrich Katz sobre Pancho Villa, profundiza al respecto.

Ya en plena invasión francesa, esas mismas autodefensas jugarán un papel importante en aquel territorio para defender la soberanía nacional. Para 1910, con la crisis política por la sucesión presidencial, los pobladores de Chihuahua serán los primeros en acudir al llamado maderista de la Revolución; esa misma gente que antes había defendido su patrimonio, ahora volvía a tomar las armas no sólo para defender una Constitución ante la intervención extranjera, sino para reconstruir a fondo la nación. Lo que desembocó en una reforma social profunda que había sido suspendida desde la Independencia con la derrota de José María Morelos y Pavón en 1815.

Luego entonces, la diferencia entre una autodefensa y una guerrilla, es el proceso de politización. Ya que la primera defiende legítimamente su patrimonio, mientras la segunda pelea además, por una alternativa social y política. Es por eso que ahora lo acontecido en Michoacán se encuentra en el centro de la agenda nacional, como prioridad del Estado.

Consolidar el Estado en este país fue un proceso bastante largo, intrincado, doloroso. Costó muchas vidas; sin embargo, la élite se ha empeñado en reducirlo en tan sólo unas cuantas décadas. El problema es que en su afán por desmantelar su intervención económica, así como su carácter social, ha pulverizado de paso, su legitimidad, su capacidad de respuesta para salvaguardad el interés común.  Han socavado el pacto social sobre el que se logró afianzar.

Las autodefensas del siglo XIX surgen por la ausencia de un Estado fuerte, estable, también por la falta de visión de los gobiernos centrales para colonizar y proteger la frontera, además de su corrupción. Las autodefensas actuales son resultado de la descomposición del Estado, fruto de su desmantelamiento, de la corrupción que se acentuó en la década de los setenta, con la aparición de la narcopolítica.

Lo que hay que aclarar es que la conformación de grupos de autodefensa, no significa en automático el surgimiento de guerrillas. Lo sucedido en 1910 fue un proceso histórico; deben generarse condiciones sociales, políticas, económicas e incluso culturales que propicien precisamente el proceso de politización. No es simple voluntarismo. Debe existir, además, un escenario nacional que lo propicie.

En resumen, la conformación de autodefensas atraviesa nuestra historia como una herida abierta; nos recuerda que no hemos podido consolidar una nación donde se garanticen los derechos mínimos de seguridad, en el sentido profundo de la palabra, pues no es sólo cuestión de incrementar el número de armas y policías, sino de un reparto justo de la riqueza, de una política fiscal que en verdad legitime a los gobiernos, y un ejercicio justo del derecho.

Publicado originalmente el 03 de febrero de 2014

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