18 enero, 2018

Las cuentas pendientes de Luís Echeverría

Gobernó México entre 1970 y 1976, se le acusa de genocidio, además se le señala como ex agente de la CIA. Luis Echeverría Álvarez, con 96 años recién cumplidos, es el expresidente más longevo del país, y aún tiene cuentas pendientes con la historia.

Hace un par de días, circuló un rumor a través de distintos medios, en donde se le daba por muerto, sin embargo, más temprano que tarde el abogado del ex mandatario salió para acallar los rumores y aclarar el estado de salud de su representado. Lo curioso del asunto, es que no es la primera vez que esto ocurre, lo mismo ha pasado en más de una ocasión, dando por muerto al político mexicano. Pareciese que todos ansían su muerte, no obstante, el destino se opone.

De su administración, existen múltiples factores por estudiar, pero, básicamente se pueden dividir en dos partes: economía y sociedad. El primero, es fundamental si se requiere comprender un episodio más dentro de la tragicomedia económica de México. El segundo, es la parte medular de su clasificación en la historia del país. Dentro de la larga lista de acusaciones y señalamientos, destacan la feroz represión que orquestó en contra de los movimientos sociales de la época, pero también, su ambigüedad respecto a la política internacional que mantuvo en su sexenio.

Sin embargo, antes de ser presidente, Luis Echeverría, grabó en su nombre con letras permanentes, el estigma que lo persigue hasta la fecha: la masacre de Tlatelolco. En 1968, se desempeñaba como Secretario de Gobernación, cargo que, entre sus funciones se encarga de la seguridad nacional, mismo que lo ligó de forma directa y contundente con la masacre. Ya como candidato a la presidencia, intentó desligarse por todos los medios tanto de Tlatelolco, como de su predecesor, muestra de ello fue el intento de acercamiento para con los jóvenes sobrevivientes del movimiento. Pese a ello, ya como presidente, demostró que el estigma era correcto, en 1971 el “Halconazo” acabó con sus intentos por desligarlo, y la pedrada en Ciudad Universitaria (1975) lo selló para siempre.

Pero eso no es todo, desde que Philip Agee—ex agente de la CIA—reveló la relación entre la Agencia y Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, los rumores no han terminado. La revelación, destacaba la prominente relación entre Winston Scott (jefe de estación de la agencia en México) y la élite política mexicana, a través de una operación que se encargaba de mantener en la nómina de la CIA a dichos funcionarios, a cambio de información. El nombre clave de la operación fue LITEMPO. Con la reciente desclasificación de los archivos del caso JFK, una constante se hace presente, miles de documentos aún permanecen ocultos, algunos dicen, que fue para proteger los métodos que utilizan los servicios de inteligencia, mientras que otros simplemente opinan en un operativo que la CIA aún mantiene para blindar a Echeverría.

La perpetuidad en el poder, es una de las tantas debilidades del hombre, y al parecer Echeverría Álvarez no quedó exento de esta debilidad. O al menos así lo pretenden demostrar archivos desclasificados del gobierno norteamericano, los cables emitidos por el embajador Henry Kissinger, develaron el supuesto intento del entonces mandatario mexicano por reelegirse, asesinando a su sucesor, José López Portillo, como candidato. La versión apunta, a que Echeverría estaba moviendo piezas clave de su gabinete para tomar el control del Congreso y así poder tener un camino libre en su paso hacia la reelección. Esto sin contar los fuertes rumores que prevalecían dentro de la cúpula del poder sobre el posible acontecimiento.

Ni asesinato ni reelección ocurrió en 1976, en cambio, Echeverría dejó la silla presidencial buscando presidir la ONU, no obstante, el futuro le deparó una cancillería y su paulatina separación de la política mexicana. El último llamado que esta le hizo, fue un simple rumor en 1994, cuando se presumía que el entonces presidente, Carlos Salinas de Gortari lo consultó para decidir a su sucesor. El rumor nunca se comprobó, mientras tanto su desaparición de la vida pública se reafirmó.

La llegada del PAN a la presidencia marcó el inicio de milenio, aunque también marcó el intentó por reabrir el debate sobre la Guerra Sucia, creando la ahora extinta Fiscalía Especializada para Movimientos Sociales y Delitos del Pasado (FEMOSDP), que puso en el estrado de los acusados a Luis Echeverría, como probable responsable de delitos de lesa humanidad. Vinculado a proceso, se le imputó prisión domiciliaria, pero, el caso nunca prosperó. El PAN fracasó, la fiscalía también, y con todo ello, la esperanza de reconstruir el pasado de cientos de hombres y mujeres desaparecidos a manos de una guerra intestina entre las guerrillas y el régimen.

Desde el intento de juicio en el 2006, Echeverría se recluyó aún más en su domicilio, ganándose el mote de “El Gran Solitario de San Jerónimo”, término que acuñó el periodista Rogelio Cárdenas Escandía, cuando “El Gran Solitario” le concedió varias entrevistas, para que realizase su libro, Luis Echeverría: Entre lo Personal y lo Político.

Cada vez que recuerdo a Echeverría, me convenzo más de que los fantasmas existen, puesto que a pesar de que vive, el sólo hecho de pronunciar su nombre recuerda los gritos de dolor y desesperación silenciados por el tiempo. Pero también, dichos gritos reafirman una y otra vez las cuentas que le debe a la historia.

No, no es casualidad que todos ansíen su muerte, más bien, esperan el anuncio final que certifique la defunción de un pasado intempestivo que se niega a partir.

Imagen: puntoporpunto.com