6 octubre, 2017

“Estamos Unidos Mexicanos”: el último agravio de Mancera

@unogermango

Uno de los peores cataclismos que pasaron sobre la Ciudad de México fue Miguel Ángel Mancera. Su último golpe es hacia la dignidad de una urbe en vías de repararse del terremoto del 19 de septiembre: desde hace días se anuncia con magnificencia el concierto “Estamos Unidos Mexicanos” en la Plaza de la Constitución como un espectáculo que ayudará a sanar las heridas de la Ciudad. No se sabe ni se dice cómo, pero esa es la supuesta motivación del concierto masivo en el Zócalo.

La noticia se supo el 30 de septiembre por la noche a través del diario Milenio. Nadie sabía del concierto porque Miguel Ángel Mancera, MAM, entregó el Zócalo capitalino en secreto. Al día siguiente los trabajadores de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de México sufrieron una gastritis repentina: desde hacía meses, desde febrero para ser específicos, han preparado la XVII Feria Internacional del Libro en el Zócalo que se inauguraría el viernes 6 de octubre; de pronto se encontraron con la incertidumbre absoluta porque jamás fueron notificados de cancelación o aplazamiento. De inmediato se buscó la confirmación de la nota y hallaron que era cierta: el domingo 8 se había programado un evento improvisado. De forma unilateral, Mancera apoyó un concierto absurdo, sin intenciones claras de apoyo a los damnificados y relegó un proyecto de casi veinte años, pasó por los derechos culturales de los capitalinos, y desperdició con su decisión millones de pesos usados en la preparación de la Feria. A MAM se le olvidó que su lema de gobierno era “Decidamos juntos”.

Ahí empieza lo que debería ser una nueva debacle en la administración mancerista.

La Feria del Libro en el Zócalo cuesta millones de pesos a la nación y al posponerla se envían a la basura estos recursos. Los organizadores de la FIL Zócalo deberían tirar en las puertas del Palacio del Ayuntamiento, donde Mancera trabaja, las toneladas de carteles, programas de mano, lonas, volantes, boletos de avión de los escritores invitados, facturas del hospedaje, comida, gasolina, papelería utilizada, nómina de trabajadores. Debería haber una forma de hacer notar la magnitud del derroche.

Las miles de horas laborales desperdiciadas por una deslealtad a la Ciudad de México deberían denunciarse ante la Comisión de Derechos Humanos por atentar contra el trabajo intenso de meses. En un tronar de dedos Miguel Ángel Mancera arruinó lo que llevó meses levantar. Se le olvida o no le importa que los derechos culturales de los capitalinos han sido adquiridos mediante años de trabajo, desprecios y malos tratos de los legisladores a quienes se les han podido arrancar, a cuentagotas, beneficios para el trabajo artístico y cultural. Mancera arroja a un lado estos logros por el slogan del concierto: “inspirar a México a seguir ayudando”.

¿Por qué en el Zócalo? ¿Por qué no en el Estadio Azteca, en el Palacio de los Deportes, en el Foro Sol? ¿Les duele pagar la renta del espacio o no quieren modificar sus espectáculos porque esos sí son importantes? ¿Acaso la generosidad de OCESA no es tal? ¿Por qué no en cualquier parque de la ciudad, que tiene cientos? Quizá porque en el Zócalo los reflectores se dirigirán continuamente hacia el Palacio del Ayuntamiento, hacia las oficinas de Mancera, desde donde reparte bondad hacia los damnificados por el sismo. Sí, es sarcasmo.

El orden de los sucesos indica que el concierto “Estamos Unidos Mexicanos” es un grito desesperado de Mancera por llamar la atención. Sólo así se entiende la inmoralidad con que se concedió el permiso para su realización.

El cartel menciona una serie de estrellas televisivas y le promete al Jefe de Gobierno una redituable limpieza a su malograda imagen. Miguel Ángel Mancera busca con desesperación ser candidato a la presidencia de México, disputable en el 2018, pero es uno de los políticos que mayor abominación causan entre sus gobernados. Sus posibilidades son mínimas y durante los últimos meses ha buscado una forma de colarse en la competencia por la presidencia, pero le resulta difícil pues a pesar de haber llegado a gobernar la CDMX con una avasalladora suma de votos, se va con aprobaciones ciudadanas ridículas. Mancera aún no tiene cobijo en ningún partido, pues jamás pudo tender lazos políticos viables para fortalecer una imagen que le proporcionaran una candidatura.

Hasta que tembló. Y a Miguel Ángel Mancera le brillaron los ojitos entre el polvo de los escombros.

Según el comunicado de OCESA, empresa organizadora del concierto, éste será transmitido por Televisa y Univisión, en directo, de las 17:00 hasta las 23:00 horas del domingo 8 de octubre, sin cortes comerciales, lo cual suena tan ridículo como las aspiraciones presidenciales de MAM, porque para nadie es secreto que Televisa jamás ha hecho algo sin intereses de por medio.

Es probable que la idea del concierto saliera desde las oficinas de presidencia para hacer publicidad a Enrique Peña Nieto, pero es una idea que se cae. Para que Peña Nieto se mueva entre multitudes hace falta una inmensa logística militar. Si lo hiciera sin ello, no saldría saludable del Zócalo de la CDMX; no es un evento para el candidato presidencial priista porque aún no se decide quién puede suceder a EPN; no es un evento desinteresado porque eso no existe en esas alturas económicas y políticas. La opción más lógica es que Miguel Ángel Mancera aceptara el concierto en búsqueda de una limpieza de su imagen maltrecha, con la finalidad de agradar a los partidos políticos para que le ofrezcan una candidatura presidencial.

Parece que Mancera usa la tragedia capitalina como marco para su autopromoción. ¿En manos de quién está la dirigencia gubernamental de la CDMX? Muchas autoridades demuestran actitudes sociópatas, como permitirse la autopromoción política usando tragedias familiares y patrimoniales de cientos de personas sin mostrar la mínima empatía. La psique de quien gobierna debería ser analizada a profundidad, porque no es poca cosa darle poder a quien le importa un pepino la humanidad.

Si el concierto resulta un acto de campaña electoral, Miguel Ángel Mancera está por realizar uno de los actos más deleznables de toda su carrera. ¿Quién busca ascender en la política sobre cadáveres, dolor y llanto?

La administración de Mancera en la CDMX tiene la característica de haber impulsado el boom inmobiliario en zonas de riesgo. En sus propias palabras, deseaba “una ciudad vertical”. Durante su gobierno empresas constructoras levantaron edificios de pésima calidad con el aval gubernamental, obviamente, a través de trámites corrompidos y con el auspicio de una política basada en el negocio inmobiliario. Incluso, modificó por decreto el Reglamento de Construcciones para eliminar responsabilidades en autoridades y constructoras en caso de siniestros. Mancera, a pesar de tener mucha responsabilidad por los edificios caídos en el terremoto, ahora puede utilizarlos para promoverse hacia la presidencia de México.

El concierto fomentado por Miguel Ángel Mancera, “Estamos Unidos Mexicanos”, busca “levantar el ánimo y hacerle saber a la población afectada que no están solos”, dice el comunicado  de los organizadores. Al final, es un vulgar espectáculo que irrumpe con violencia en la tragedia. No es inocuo, porque desvía la atención de la magnitud catastrófica del sismo y centra los reflectores en una supuesta bondad de los cantantes que bajan del olimpo para mostrar una solidaridad inexistente. En cuestión de apoyo es un concierto homeopático, que no ofrece soluciones; como asistencialismo, es indecente.

No podemos hablar de la calidad moral de los participantes por dos razones: el concierto es un evento patrocinado por OCESA y Televisa y gran parte de ellos tienen el alma vendida a esas empresas; la segunda razón es que no se espera de ellos una adecuada lectura política del concierto. En realidad, nada se espera de ellos.

En un principio estaban integrados al espectáculo los grupos Café Tacuba y Molotov, quienes al final declinaron su participación por sendos motivos. El concierto de promoción mancerista hubiera dañado su imagen de críticos al poder que se han formado a través de los años y bien hicieron en bajarse de ese barco. Llama la atención la permanencia del músico llamado Residente, quien en compañía de su hermano ha promovido su trabajo como un  nuevo estilo musical de protesta, una especie de reguetón socialista. Del resto de los anunciados se desconoce su afiliación política.

Hasta el momento, el concierto sólo cuenta con un cartel, una frase cursilona y una buena cantidad de músicos. “Estamos Unidos Mexicanos” no persigue un objetivo palpable y sólo cuenta con una convocatoria metafísica: ni siquiera se pide a los asistentes que lleven una bolsa de arroz o, por lo menos, una botellita de agua. Es un concierto nutrido de nombres televisivos alrededor de la inasible palabra “inspirar”. Aceptar un concierto de esta magnitud y mover un encuentro cultural de tradición y relevancia para la ciudad, en estas fechas, sólo nos muestra la ambición de Mancera, OCESA y Televisa.

La imagen de generosidad y  manos abiertas que intentan vendernos se diluye en la realidad: Miguel Ángel Mancera, envuelto en luces, trepado en los escombros de una ciudad que él mismo ayudó a derrumbar.