3 octubre, 2017

EPN: Cuestión de Imagen

Víctor Gordoa Gil, imagólogo experimentado y director del Colegio de Imagen Pública en nuestro país, menciona en uno de sus artículos que como la imagen es dinámica, bastaría cambiar los estímulos para cambiar la percepción, es decir, se necesita de un cambio actitudinal para enmendar los errores cometidos y reconstruir la imagen. En el artículo también se hace un recuento de las facetas de imagen por las que Peña Nieto atravesó; desde su arribo a la candidatura hasta los dos primeros años de administración.

La clave para entender el derruimiento de su imagen, recae en el mal manejo de las situaciones por las que atravesó, por ejemplo, su visita a la FIL de Guadalajara, en donde cometió el error garrafal de ignorar tres títulos que hayan marcado su vida. Particularmente considero que, es en ese momento cuando su presencia fue más criticada y su imagen más vilipendiada. Esto sin contar el proceso catalizador de las redes sociales para exacerbar el problema.

Ahora bien, todo lo anterior me ha llevado a formular la siguiente tesis, la llegada de EPN a la presidencia marcó el fin de la investidura presidencial en México. Es decir, desde el 2012 el mito de él “Señor Presidente” terminó. Sin embargo, vale la pena sopesar dicho mito; calcular sus límites, evaluar sus resultados e inferir un balance.

La investidura presidencial es producto del México posrevolucionario. Tras el arribo del Grupo Sonora al poder, la lucha entre caudillos representó un grave problema para cimentar el nuevo Estado mexicano. La unificación de todos los caudillos y todas las facciones la lleva a cabo el “Partido de la Revolución”, después llamado Partido Revolucionario Institucional, encabezado por el Presidente de la República, pues además de ser jefe del ejecutivo controlaba la dirección del partido. Todo ello diseñó el sistema político que reinó durante casi todo el siglo XX, e hizo de un país revolucionario una dictadura perfecta.

Era de esperarse que, como dictadura perfecta el país tuviera un ejecutor que fuera más allá de lo constitucional. Es por eso que cada sucesión presidencial, se decidiera por dedazo. “El tapadismo” se volvió el pan nuestro de cada seis años, es así que hombres como Adolfo López Mateos, Luis Echeverría o Carlos Salinas de Gortari llegarán al poder.

El mito presidencial también fue acompañado de ritos y frases que pasaron a la posteridad para encumbrarlo. Bastaría analizar dos hechos: la parálisis nacional cada 1 de septiembre, día del informe presidencial, o bien, el “Grito” cada 16 del mismo mes. Esos eran algunos de los ritos que acompañaron la célebre investidura del ejecutivo nacional.

Para inicios de milenio, el PAN paralizó la figura presidencial, pues políticamente no sólo derrotó al dinosaurio priista sino también “terminó” la censura al periodismo—al menos eso intentó mostrar en los primeros años—Programas de televisión cómo “El Privilegio de Mandar” y “La Parodia” en Televisa representaron cambios de rumbo en la crítica hacia el poder, cambios que en décadas anteriores eran impensables. A pesar de todo esto, la investidura del ejecutivo seguía imperando como en años anteriores, aunque el mito se volvía cada vez más difuso.

No es sino hasta las elecciones del 2012, cuando las cosas parecían regresar a la normalidad. El Revolucionario Institucional abanderaba a uno de sus mejores candidatos; él flamante gobernador del Estado de México, un joven priista que alcanzó el poder por medio de conexiones familiares en la cúpula Atlacomulco. Un político poco experimentado, y un codiciado soltero para la gran mayoría de sus seguidoras. Durante toda la campaña su imagen fue impecable; nadie lo criticaba, y mucho menos ridiculizaba, su victoria en los comicios era inminente.

Lamentablemente, en política no hay finales felices y prueba de ello es la serie de errores cometidos por Peña Nieto en la recta final. Ignorancia frente a los medios, desconocimiento en los eventos y errores en sus discursos fueron el ingrediente que cocinaron la caída de su imagen. Ya para su arribo a la presidencia, la investidura heredada estaba siendo destrozada por todos los frentes; medios de comunicación tradicionales, alternativos y en la opinión pública.

La imagen presidencial está acabada, los errores cometidos a lo largo del sexenio son contundentes para demostrar el fin de la investidura priista. Enrique Peña Nieto pasará a la historia por ser uno de los mandatarios más criticados, ridiculizados y mermados en su presencia frente a la sociedad. Sobra decir que, ningún intento por mejorarla podrá cambiar los errores cometidos durante todo un sexenio y más allá del sexenio en su candidatura.

Del mito a la burla sólo hay un paso, la relatividad temporal que cuesta cruzarlo es subjetiva. Lo cierto es que mientras más se ignoraron más las fallas, el PRI sentenció a muerte la imagen de su presidente. Un caso más por denunciar y un hecho más por estudiar.