24 septiembre, 2017

#19S / Entre desinformación y esperanza

Resulta abrumadora la coincidencia de la fecha del sismo de 1985, como una broma del destino, que a 32 años de distancia el Servicio Sismológico Nacional elaborara un reporte especial, informando lo siguiente:

“El martes 19 de septiembre de 2017, a las 13:14:40 se registró un sismo de magnitud 7.0, el origen se localizó a 120 km de distancia de la Ciudad de México. Específicamente a 12 km de Axochiapan, Morelos, entre los límites de los estados de Puebla y Morelos.”

Sin embargo, más allá de toda la crisis que desató el terremoto del martes, se ha generado un problema que entorpece la recuperación paulatina de la sociedad tras el sismo; la desinformación, misma que circula en medios tradicionales y redes socio-digitales parecido a una presa desbordándose. Por respeto y prudencia, el terremoto acaecido hace 32 años no debe ni puede ser comparado con el del día 19, aunque es menester resaltar el papel que juegan los medios de comunicación en este tipo de desastres.

En el año de 1985, los medios no pudieron darle cobertura a todo lo que sucedía en la ciudad y mucho menos seguir un registro de las principales zonas afectadas, lo que generó un fuerte sentimiento de incertidumbre entre la población. A diferencia de este año, en el que tuvimos una intensa cobertura ciudadana a través de las redes socio-digitales, a pesar de que algunos medios tradicionales como Televisa redujeron su cobertura, los primeros días, al derrumbe de la escuela Rébsamen, comprensible por lo trágico, pero no el único caso.

La auto-comunicación de masas otorga voz a cualquier ciudadano; sin embargo también genera una sobre información con efectos desinformativos. Este problema se vivió desde el sismo ocurrido el 7 de septiembre. Durante los primeros momentos de crisis se carecía de información adecuada. Posteriormente se le dio paso a una serie de videos, mensajes y rumores que inundaron las redes sociales, destacando “teorías” e hipótesis que auguraban un sismo de mayor intensidad, o bien, la idea que permeó acerca del ocultamiento de información por parte del gobierno federal, siendo que este “ya sabía que iba a temblar”.

Lo sucedido tras el sismo del 19, la respuesta, no sólo de las autoridades sino también de los principales medios de comunicación, es insuficiente y sesgada. Bastaría con analizar el caso “Frida Sofía” para entender la afirmación anterior, dicho caso es una prueba patente de la crisis por la que atraviesan medios como Televisa o Grupo Imagen Multimedia. Diferencia sustancial respecto al sismo de 1985. Ahora es posible no sólo la organización popular como hace 32 años, sino la disputa de la narrativa, al quedar evidenciados con sus noticias falsas.

La sobre información es el precio que se paga por el empoderamiento de las masas en la producción informativa, pero no todo es caos y anarquía, hay también un proceso de auto-regulación en el que se construyen pequeñas narrativas que fungen como censoras en el marco de una gran narrativa. Por ejemplo, la gran narrativa en el contexto del sismo del 19 de septiembre es la Solidaridad, pero la velocidad de los acontecimientos y la producción de información crean rumores, imágenes sin contexto, duplicación de contenido, psicosis social que afecta el bien mayor que es apoyar y solidarizarse. Ante especulaciones de que había más derrumbes o que hacía falta comida cuando no era cierto, aparecieron tendencias que exigían veracidad en la información. Apareció entonces una suerte de protocolo para difundir los hechos, como agregar fecha y hora con una leyenda de #Verificado.

Tenemos pues, distintas micro narrativas en conflicto que se auto-regulan entre ellas, como los que se toman fotos en los rescates y los que censuran esa práctica, así como los que la defienden, los reflexivos y emotivos, los que reclaman más acción y menos ciber-activismo y los que promueven esto último como una labor importante, es decir, la solidaridad ante todo, pero cada quien la asume e interpreta según su experiencia y visión de la vida.

Finalmente, lo importante en este caso, es que los mexicanos salimos a las calles a refrendar nuestra solidaridad con los afectados por los dos últimos sismos.

Foto: Juan Pablo Guerrero