1 septiembre, 2017

Rius para principiantes

Para Ariel Rosales

En uno de los países con un inmenso rezago educativo, que no ha podido ni querido resolver el lastre del analfabetismo y que ostenta uno de los índices más bajos de lectores en el mundo, resulta prodigioso que un autor crítico del sistema haya sido de los más leídos y queridos en los últimos cincuenta años.

No sabemos con exactitud los números de ventas de Rius (aunque Marx para principiantes, La panza es primero, La trukulent historia del Kapitalismo, superan el millón de ejemplares cada uno), pero de lo que sí estamos seguros es de su esencial, indispensable papel en la formación de lectores críticos en la segunda mitad del siglo veinte mexicano y lo que va del veintiuno. Rius es el educador incómodo en el México autoritario desde los chacales Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, hasta el panismo sangriento de Felipe Calderón y la ineptitud grotesca, entreguista, de Enrique Peña Nieto (“Nieto de Carlos Salinas de Gortari”, especificaba Rius).

Con Los agachados y Los Supermachos, publicaciones periódicas de los años sesenta y setenta, en voz de Juan Calzonzin, Doña Eme y Chino Prieto, Rius fue al día en la denuncia de los abusos de poder en México y en otras partes del mundo: las matanzas de 1968 y 1971, el intervencionismo militar de Estados Unidos en América Latina, la manipulación de la iglesia y de los medios de comunicación, y todo el oscuro abanico del presidencialismo del todo poderoso Partido Revolucionario Institucional, que Rius inmortalizó (¿aún más?) en personajes como Don Perpetuo del Rosal. El político represor, el granadero, el sindicalista charro, el periodista chayotero, y toda la fauna corrupta de la vida pública mexicana quedó registrada en la caricatura filosa de Eduardo del Río.

Primera edición de Marx para principiantes

En algún texto autobiográfico, Rius relata que el tema de Cuba y su Revolución cambió su vida, y para dejar constancia de la admiración por la gesta de los rebeldes cubanos escribió, en 1965, Cuba para principiantes, un libro del que hizo una edición de mil ejemplares repartidos de mano en mano. Lo que quizás no sabía Rius, es que Cuba para principiantes inauguró una forma de hacer libros (que hoy se copia en todo el mundo), donde se conjunta de manera muy efectiva, la caricatura, la historia, la crítica sociopolítica y el humor. Muchos emisarios del “alto conocimiento” critican a Rius y argumentan que trata los temas a la ligera, sin profundizar; pero no reparan en que el michoacano hizo una tarea más complicada que la de los historiadores, sociólogos, economistas y pedagogos: sintetizar todos esos saberes para llevarlos al gran público.

Porque ni el saber histórico, ni el económico, ni el político que se practica en las universidades, logró introducir a los jóvenes a temas como el marxismo y sus ejecutantes más notables, la filosofía en palabras amenas, las revoluciones insurgentes del siglo XX. Pero Rius escribió de muchos otros temas como el vegetarianismo, la protección de la biodiversidad, la legalización de las drogas, la revolución femenina, la libertad sexual, el aborto, siempre con una orientación social y progresista. Siguiendo la máxima de Blaise Pascal de que vale más saber “poco” de muchos temas, que saberlo “todo” de uno solo, Rius es nuestro enciclopedista popular, nuestro Voltaire monero.

En décadas en que la censura en México vivía (y vive) una época atroz y en que el empuje proveniente de Estados Unidos frente al pensamiento revolucionario silenciaba cualquier publicación y acto rebelde, Rius fue un sobreviviente por quien conocimos la otra historia, desde las guerrillas de Cuba, el Salvador y Nicaragua, la Guerra Civil Española, hasta la lucha de liberación del  pueblo palestino. En un país donde el gobierno no ha procurado la lectura (y cuyo sistema educativo se ha esmerado en divulgar únicamente la historia institucional, encubriendo el permanente abuso de poder), gracias a Rius, los niños y jóvenes mexicanos conocieron quién fue el Ché Guevara, Augusto César Sandino, Salvador Allende, Fidel Castro, Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, Emiliano Zapata y Pancho Villa. Por Rius supimos que hay otra historia que palpita debajo del oficialismo de Estado, y que es la lucha de los oprimidos y los humillados, que se niegan a su funesto destino en esta larga tragedia que Rius bien definió en el título de un libro como “la interminable conquista de México”.

Con la ausencia de Rius no sólo se clausura el gran colegio informal de pensamiento crítico en México, sino  también, fuera de chiste, muere nuestro revolucionario más eficaz.

Apostilla

Me tocó presenciar la gran difusión de Rius que llevó a cabo su editor Ariel Rosales en Penguin Random House, entre los años 2005 aproximadamente y hasta la fecha. Rosales decidió editar sus libros en formato de bolsillo y en gruesos tomos que tituló Todo Rius. Así mismo, reeditó muchos números de Los agachados para puestos de periódico y lo convenció para escribir un rico texto autobiográfico conmemorativo de sus ochenta años: Mis confusiones. Memorias desmemoriadas (Grijalbo, 2014).

Yo tuve la suerte de colaborar en la construcción de un libro de Rius, Toros sí, toreros no, en el cual ayudé consiguiendo algún material para el texto. Ariel Rosales me indicaba qué tipo de ilustraciones había que conseguir, porque Rius, para el armado de sus libros, a menudo se ayudaba más en imágenes que en  otros documentos.

Ariel Rosales ha sido editor de Rius desde los tiempos de Editorial Posada y su legendaria Biblioteca Natura. El  gran éxito del caricaturista mexicano es también gracias a él.

Agosto, 2017