29 julio, 2017

La suntuosa vida que brinda el petróleo mexicano… para el sindicato

Según varios teóricos, el sindicalismo es una organización que vela por los intereses de las clases trabajadoras, pues es mediante este, que los trabajadores pueden organizarse para defender sus derechos y tener una mejor situación laboral.

Esto ha hecho que los sindicatos sean un movimiento de resistencia laboral muy importante, pero también incómodo para el gobierno y algunos empresarios, que ante las demandas han optado por la represión y la coacción de dirigentes.

En México el nacimiento del Partido de la Revolución Institucional (PRI), así como su antecedentes -PRN y PRM-, van de la mano de los llamados “sectores populares” -campesino, militar y obrero-  en quienes sustentan su poder.

Por esta razón los sindicatos juegan un papel importante en la consolidación del poder presidencialista, mientras que los que se oponen a dicho poder, comienzan a realizar movilizaciones importantes en favor de los intereses de sus agremiados, tal es el caso de Demetrio Vallejo, líder del sindicato de ferrocarrileros.

 

Para evitar que más sindicatos fueran un estorbo en las ambiciones políticas de los presidentes, muchos sindicatos han sido destruidos y sus líderes apresados, algunos otros que se dejaron cooptar se han convertido en caciques que se han mantenido por largos periodos en el poder sindical en un ambiente antidemocrático.

Uno de estos líderes que se ha perpetuado por largo tiempo es Carlos Romero Deschamps, que desde que obtuvo un poder total en 1993, el tamaulipeco mantiene bajo su control a los trabajadores del -aún- principal sostén económico del país, Petróleos Mexicanos (Pemex), con 117 mil sindicalizados y 30 mil trabajadores de confianza.

Aunque el 18 de marzo de 1938 el presidente Lázaro Cárdenas, expropió el petroleó en benefició de la Nación, se tienen cuenta que las bonanzas petroleras en gran medida se encuentran secuestradas por unos cuantos, en donde el abuso, la corrupción y los excesos son cosa de cada día.

Romero Deschamps y en su tiempo la maestra Elba Esther Gordillo, han sido vistos como la imagen perfecta del llamado “charrismo” sindical, que debe pleitesía al gobierno y no a sus trabajadores, y por este sometimiento han sido librados de acusaciones de corrupción en que han sido envueltos.

Deschamps es bien conocidos por sus lujos y excentricidades, gusta de los relojes Audemars Piguet con incrustaciones de oro de 18 kilates, su colección de autos deportivos, sus mansiones, sus yates Sunseeker 47 Portofino y sobre todo por la vida igual de insólita de sus hijos, quienes suelen presumir en redes sociales una riqueza que hasta ahora no se ha podido explicar.

Como hijos de jeques árabes, Paulina y José Carlos Romero han presumido sus autos deportivos, sus viajes alrededor del mundo y su fastuosa forma de vivir que contrasta con la de millones de mexicanos que diariamente sufren de las cosas más básicas para vivir.

En 2013 el semanario Proceso, documentó el “regalito” que Deschamps hizo a su hijo José Carlos, un Ferrari de 2 millones de dólares, el cual suele manejar en Miami, Florida, lugar en que radica desde 2006.

Este vehículo es una edición exclusiva y limitada, que solamente se podía adquirir con una serie de requisitos que millones de mexicanos están lejos de cubrir: contar con dos Ferrari; demostrar solvencia económica; que en el país donde se vaya a utilizar el carro, se encuentre una agencia de automotriz de la marca; pasar la prueba de manejo; y sobre todo tener los 25 millones de pesos que costaba en ese tiempo la unidad.

Es por lo anterior que en días pasados en la ciudad de Montecarlo en Mónaco, al grabarse un lujoso Ferrari dorado, las especulaciones comenzaron a dirigirse hacia el hijo del líder del sindicato petrolero de México, pues la excentricidad es algo que gusta presumir.

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