23 mayo, 2017

Un Dios enfermo: elecciones Edo. Mex.

Enrique Krauze, en su libro, La Presidencia Imperial nos narra el nacimiento, auge –y parte del declive—del sistema presidencialista mexicano. Realiza una radiografía profunda en las entrañas del sistema, recuperando una figura clave en el mismo: la investidura presidencial.

El libro abarca los sexenios de Manuel Ávila Camacho hasta el fin de la dictadura perfecta –según Vargas Llosa—o, mejor dicho, hasta Ernesto Zedillo Ponce de León. Entre sus páginas destacan capítulos necesarios para comprender no sólo al sistema presidencial sino también para entender gran parte del México Contemporáneo.

Un Dios Enfermo, nos relata los últimos años de vida del Presidente Orador, este es el mismo capítulo que le da cierre al sexenio de Adolfo López Mateos (1958-1964)

Convaleciente, López Mateos, evidencia los estragos que puede provocar el poder. Al parecer la silla presidencial, podía volver dios a un simple mortal, en tan sólo seis años convertía a cualquier hombre en una figura apoteósica y todopoderosa. Sin embargo, para poder alcanzar ese grado se debía pagar un precio demasiado alto, el precio se cobraba con la vida.

El libro se terminó de escribir tres años antes de que la Dictablanda llegara a su fin, aunque el fantasma del semi-dios seguiría acechando la Presidencia de la República, las cosas habían cambiado. El PAN ocupaba los pinos y el Revolucionario Institucional se recuperaba de la herida que lo derribó a inicios del milenio. Ahora, no le quedaba más que esperar en terapia intensiva y preparar su regresó. Es por ello que 2012 no sólo significó la batalla por recuperar los Pinos, sino que buscó resucitar el alma del dios enfermo que pereció años atrás, lamentablemente lo único que quedaba de aquel dios era un espectro.

Nos encontramos de cara a los comicios electorales del Estado de México, para ser precisos a 13 días—históricamente un número asociado con la mala suerte—hasta ahora ningún candidato parece tener ventaja sobre otro; Delfina Gómez (MORENA) se vislumbra en los reflectores como una mujer honesta y comprometida, aunque opacada por la imagen de AMLO y por su poca experiencia política. Pareciera ser que Josefina Vázquez Mota (PAN) está a punto de tirar la toalla, ya que su imagen ante los medios es tan falsa, que ni ella misma cree en lo que dice. Por otro lado, Juan Zepeda (PRD) figura como uno de los candidatos más prometedores en cuanto a propuestas y manejo del discurso, ha cuidado tanto su imagen que muy poco se le ha señalado en escándalos o problemas en su administración municipal, lamentablemente en política existe una máxima que no podemos olvidar: no existe candidato perfecto ni mucho menos invencible. En este sentido, lo único que le falló a Zepeda fue su Partido, pues como sabemos las pugnas internas en el Sol Azteca hacen que penda de un hilo. No será necesario hablar de algún otro “candidato” pues en el tablero solo figuran peces gordos y no satélites o charales independientes.

Quise dejar al último el análisis de uno de los peores candidatos a la gubernatura; tiene conexiones familiares en octavo grado con Enrique Peña Nieto (como él mismo lo afirma). No hace falta presentación para el candidato que a kilómetros de distancia huele a priismo rancio y enfermo, pero, para no dejar duda hablamos de Alfredo del Mazo Maza (PRI, PVEM, PES).

Del Mazo Maza aspira a ocupar el puesto que dentro de poco abandonará Eruviel Ávila, sin embargo, carece de un discurso sólido que le de sustento a su candidatura, ha sido señalado en múltiples casos de corrupción, nepotismo y tráfico de influencias en los distintos puestos públicos que ha ocupado, desde alcalde de Huixquilucan hasta presidente de BANOBRAS. Eso sin dejar de lado, la abundante historia familiar que le acompaña y le vigila. En el grupo Atlacomulco figura –junto a Peña Nieto—como uno de los Golden boys.

Las elecciones del Edomex representan la antesala al 2018, es por ello que su desarrollo y posterior desenlace es rastreado con lupa por decenas de analistas políticos, académicos y la sociedad en general. Bajo esta lógica, el viejo PRI busca ganar a toda costa. En sus últimas entregas la Revista Proceso ha evidenciado cómo el Revolucionario Institucional trabaja día y noche para apuntalar al “candidato” pues ha echado mano de toda una estructura política, económica y social para defender con uñas y dientes el histórico bastión priista.

Parte de esta gran estructura, se vale de todo tipo de estrategias, desde comprar el voto hasta el uso de sindicatos y Ayuntamientos pro gobierno para generar más electores en las casillas. No hace falta decir que la mayoría de estas actividades son realizadas por los emblemáticos “burócratas de calle” quiénes representan los brazos y las piernas del tricolor en todo el estado.

A López Mateos le bastó solo 5 años para sucumbir a las consecuencias de ocupar la silla presidencial, al PRI le bastó 71 años. Lo único que hace falta esperar, es observar cuanto tiempo le queda para que desocupe el Estado de México, pero, sobre todo, ¿acaso sobreviene el golpe final que acabe de tajo con el espectro del dios enfermo? O ¿seguirá convaleciente esperando su entierro final dentro de un año?