9 mayo, 2017

Lesvy somos todas

Reparación colectiva de la memoria, verdad y justicia en el feminicidio de Lesvy Berlín Rivera Osorio.

Movilización feminista en redes socio-digitales y “La marcha interna contra la violencia de género en la UNAM”

Lo inimaginable llegó a ocurrir en el campus principal de la Universidad Nacional Autónoma de México; emergió una gran marcha de mujeres el pasado 5 de mayo, compuesta de diversas generaciones de feministas, activistas, asambleas y organizaciones estudiantiles para repudiar el feminicidio de Lesvy Berlín Rivera Osorio, acaecido en la madrugada del 3 de mayo. La indignación colectiva fue una reacción a las respuestas institucionales que intentaron normalizar la tragedia, tanto con datos falsos y ofensivos hacia la víctima y su familia, como con el silencio, omisión, la negación o desconocimiento de la joven como parte de la comunidad universitaria y de la tipificación del feminicidio.

Inicialmente los diversos carteles difundidos en Facebook y Twitter invitaban solamente a la comunidad universitaria a salir a las calles. No obstante, aunque la convocatoria fue desplegada con un día y medio de anticipación, la movilización rebasó las expectativas de las organizadoras y a ellas se unieron diversas colectividades feministas, sectores de la comunidad universitaria  y activistas de la sociedad civil. La gran concurrencia permitió limpiar la reputación de la joven que con tanta saña intentaron manchar quienes están destinados proteger y salvaguardar la integridad de la ciudadana.

El acontecimiento de reparación colectiva surgió en las redes socio-digitales de Facebook y Twitter al viralizarse  el hastahg #SiMeMatan, que llegó a ser treding topic en México durante el 4 de mayo, y obligó a las autoridades judiciales de la Procuraduría de la CDMX a ofrecer una disculpa pública y a borrar la información re-victimizante.

La emergencia del movimiento social feminista surgió en redes de manera descentralizada y espontánea, como una respuesta a la violencia institucional ejercida por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal que minimizó la tragedia, al culpar a la victima de le que pasó y filtrar datos personales que a continuación se muestran en los twits oficiales:

La reacción colectiva en twitter teñida de tristeza, resignación y rabia se aglutinó bajo el hastahg #SiMeMatan. Los mensajes individuales dieron cuerpo a una colectividad agraviada y desafiante para poner un alto a la violencia de género que ejercieron las autoridades judiciales contra Lesvy, y que suele ser el común denominador al tratar los casos de feminicidios y violencia hacia las mujeres. La violencia institucional fue desnudada de la misma manera que fueron expuestos diversos medios de comunicación que reproducen la victimización contra las mujeres asesinadas, para justificar la omisión, la permisividad y la negación de la justicia, resaltando detalles amarillistas.

La mayoría de las veces suelen divulgar datos falsos sobre la vida personal de las mujeres asesinas o vulneradas como estrategia de no reconocimiento y negación de acceso a justicia. El odio con que fue tratado el deceso y la objetivación del cuerpo abatido niega  la calidad de persona y universitaria de Lesby, lo cual constituye una clara forma de violencia de género por parte de las autoridades judiciales y universitarias. Éstas últimas, no han reconocido aún a la abatida como integrante de la comunidad  universitaria en su calidad de exalumna.

Ante la violencia institucional, miles de mujeres, usuarias de Facebook y Twitter  se solidarizaron con empatía absoluta porque se sintieron aludidas. Al ponerse en el lugar de Lesby reconocieron la proximidad de la muerte y la vulnerabilidad por haber nacido mujer y el riesgo de justificar asesinatos por cuestiones de subjetividad. Las expresiones colectivas configuran una consciencia de aceptación y reconocimiento de que en cualquier momento las mujeres pueden ser asesinadas y lo seguirán siendo porque su muerte será justificada con misoginia, con la ventilación de detalles de la vida personal, sean reales o inventados. La estigmatización por transgredir la normatividad sexo genérica conservadora pesa como una amenaza de muerte constante sobre las mujeres.

Es decir, la estipulación de la manera en que debe comportarse una buena mujer, una joven decente pretende ser una promesa, garantía o pago para seguir vivas. Conservar la vida de las mujeres supondrían, bajo esa lógica,  seguir oprimidas, ser objetos pasivos, obedientes, y no salir de casa.

Los testimonios que componen el #hastahg dan cuenta de emociones que surgen a partir del miedo y tristeza, y de la posibilidad cada vez más cercana de ser asesinadas, de ser una cifra más de los feminicidios no reconocidos como tales, que son justificados y permitidos desde el poder cotidianamente. Los ejemplos sobran en el hastahg: “#SiMeMatan por salir sola”; “por tener novio”, “por consumir alcohol o drogas”, “por pasear en la noche”, “por deber varias materias”, “por ya no ser estudiante”, entre otras.

La marcha en CU

Gracias a la movilización hoy sabemos que Lesvy pertenece a la comunidad universitaria, que fue estudiante del CCH Sur y su madre es Araceli Orozco, trabajadora adjunta de la Secretaría de Educación y Cultura del Sindicato de Trabajadores de la UNAM. El comunicado de la familia hace valer al derecho a la memoria y verdad como se muestra en el siguiente extracto:

 

Les pido a todos mis contactos, conocidos que nos apoyen a difundir el caso #LesvyBerlinRiveraOsorio, y no porque se tenga que justificar para que se aclare su asesinato, sino por la dignidad y la memoria.

Lesvy Berlín Rivera Osorio, ése es su nombre correcto, hija de padre guatemalteco y madre mexicana, estudiante del CCH sur, sí era universitaria, políglota por gusto propio, lectora empedernida y amante de la música.

No sufría de alcoholismo, ni drogas, no era un “fichita” como critican muchos.
Ella era una chica normal, con sueños, con miedos, pero responsable de sus actos.

A Berlín le arrancaron la vida como se arranca la mala hierba de los campos, a sus 22 años sus sueños quedaron truncados y su memoria manchada por las calumnias de una autoridad insensible y protectora de su homicida[1].

Durante la marcha, las consignas, el ánimo de la multitud reflejaban emociones como el enojo, la rabia, el dolor, la tristeza. El grito colectivo al ritmo del tambor y las consignas configuran al unísono demandas como: ¡Ya basta!, ¡Vivas Nos Queremos!, ¡No fue suicidio, fue Feminicidio!, ¡Todas Somos Lesvy! y ¡Si Me Matan!

La protesta fue una reparación de los agravios hacia Lesvy y su familia, cometidos por el feminicida aún sin identificar, pero sobre todo dio lugar a la reparación colectiva de miles de universitarias que cotidianamente son acosadas de parte de los propios compañeros universitarios al pasar por las instalaciones de Ciudad Universitaria; que son hostigadas y/o agredidas sexualmente en el aula por profesores, compañeros y/o jefes en el lugar del trabajo.

La marcha inició en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. La multitud estudiantil parecía un río desbordado en los estrechos pasillos.  Al frente de la marcha estaban contingentes compuestos únicamente por mujeres. Lo anterior constituye una apropiación política del derecho a hacer y ser política, lo que implica tener un lugar propio separado de la tutoría de los hombres. Al final se sumaron los contingentes mixtos, compuestos de mujeres y hombres, que con respeto acataron las formas organizativas de la marcha feminista.

Algunas de las consignas exigían la expulsión definitiva de Marcelino Perelló de la UNAM y otros profesores que han sido señalados como acosadores, en específico Seymur Espinosa Camacho, profesor de la FCPyS. La participación estudiantil estuvo motivada también por la suma de agravios personales y colectivos hacia las mujeres, como muestro en el siguiente testimonio de la estudiante que participaba en la protesta:

Lo que más me impactó de la marcha fue llegar al Instituto de Ingeniería, y pasar por el pasillo donde es un deporte masculino chiflar y gritar piropos ofensivos a las estudiantes que se atreven a caminar libremente por ahí. Al ritmo de las tamboras que se amplificaban en el túnel, mis lágrimas recordaron las tantas veces que fui acosada en este lugar cercano a donde se encontró el cuerpo de Lesvy. Por primera vez me sentí segura en ese lugar, pero fue impactante vernos llorar a todas en el lugar de la caseta telefónica, porque la sentimos hermana, muy cercana. Queremos que nunca más sea normal, tolerable y permisible que nos asesinen, violen, golpeen o acosen por el simple hecho de ser mujeres en el campus universitario.” (Testimonio de alumna, Instituto de Ingeniería, 3 de mayo de 2017).

En mi opinión, asistimos al nacimiento y aparición de nuevas sujetas históricas; jóvenes estudiantes de entre 18 y 25 años, quienes son la fuerza original del incipiente movimiento, porque son quienes se ven más afectadas y se niegan a permitir impunidad, normalización y silencio para los crímenes contra ellas, contra las mujeres que habitamos la UNAM. Se trata de una nueva generación que reconoce la vulnerabilidad cotidiana que pone en riesgo la vida de todas y no está dispuesta a que la violencia sigua irrumpiendo, silenciosa e inunde el territorio de la UNAM, porque es su casa alma mater.

La importancia de la movilización estudiantil reside en que es un parte aguas en el reconocimiento colectivo sobre la necesidad de cambios en las formas de autocuidado y seguridad dentro del territorio de la Universidad. En las universitarias surgió la esperanza de las futuras generaciones que cargan con el reto de sobrevivir a la violencia que aqueja al país. Serán ellas las herederas que ponen freno a una nación feminicida, donde miles de mujeres son asesinadas con saña, acosadas y agredidas en los espacios públicos y domésticos.

 Los distractores

La movilización da cuenta también no sólo de la trasformación de la consciencia en la cultura de género entre la juventud, sino también de las resistencias a adaptarse a dichos cambios de parte no sólo de las autoridades judiciales y algunos medios de comunicación, sino también de una parte de los universitarios.

Al respecto, el fenómeno más divulgado en las redes de Internet sucedió  a partir de publicaciones de Facebook en páginas universitarias, que llamaban a criminalizar la protesta estudiantil. En particular condenaron las expresiones gráficas de apropiación del espacio. No obstante, con humor y creatividad fueron neutralizados con memes y twits, como se puede observar  a continuación:

Por otro lado, lamentablemente algunos periodistas intentaron ser el centro de atención y manifestaron conductas que son un obstáculo a superar porque mostraron actitudes arcaicas de sexismo y discriminación para mantener sus privilegios de género, mediante denuncias y señalamientos públicos hacia las organizadoras. La tensión generó algunas molestias entre comunicadores de la Unión de Periodistas porque se sintieron incómodos y agredidos, debido a los límites que les fueron marcados ante sus empujones e irrupción en el espacio del ritual luctuoso y el altar que se realizaba.

Por otro lado, la supuesta adjudicación del asesinato de Lesvy de parte del  grupo autodenominado “Individualistas Tendiendo a lo Salvaje/Grupo Indiscriminado Tendiendo a lo Salvaje” (ITS/GITS) constituye otra estrategia  similar al de las autoridades que resulta sospechosa en su intento de despojar de dignidad a Lesvy y del movimiento emergente estudiantil, porque pretende infundir terror entre la comunidad y poner en duda el feminicidio como tipificación del delito para archivarlo como un asesinato común.

 

Los Horizontes del movimiento contra la violencia de género

La alternativa que parece gestarse tiene como horizonte utópico la construcción de espacios universitarios libres de violencia hacia las mujeres con base en la organización comunitaria y autónoma desde abajo, ahí donde está el sector estudiantil y sus asambleas. Se trata de una generación que tiene otra forma de hacer política, sin vanguardismos, centralismos y liderazgos partidistas. Ellas están creando nuevas formas organizativas, horizontales y descentralizadas que van en contracorriente con la herencia arcaica de esa vieja izquierda vanguardista, protagonista y vertical fuera y dentro de algunos feminismos. Las nuevas formas de organizarse dificultarán la cooptación de las líderes y el señalamiento de las activistas, por grupos o agentes que intentan desvirtuar la esencia de la lucha común.

La movilización escribió una nueva historia sobre Lesvy y también, lo hará sobre cada una de las mujeres que nos sabemos vulnerables, y de ahí la legitimidad de la exigencia de justicia para que nunca más vuelva ocurrir un feminicidio en nuestra Universidad. No debemos dejar de lado lo positivo, la movilización en internet y en ciudad universitaria, logró un objetivo trascendental, limpiar la memoria de Lesvy, reconocerla como persona, estudiante, universitaria y como ciudadana, y con eso nos reconocemos todas.

Imagen: huffington post
[1] Comunicado de familia de Lesvy a la sociedad mexicana. Disponible en: https://www.laquearde.org/2017/05/06/comunicado-de-familia-de-lesvy/ Consultada el 7 de mayo de 2017

 

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