18 abril, 2017

¿El fin de una era en la UNAM?

Una propuesta de reforma democrática

@unogermango

Comencemos con una pregunta dirigida hacia cada uno de nosotros, los alumnos, exalumnos, profesores, investigadores y trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México: ¿apoyarían a la UNAM en diversos aspectos para que ésta consiguiera superar los problemas que le aquejan? Sabemos que la respuesta es “sí”, que la disposición existe y es auténtica. Sin embargo, la verdadera duda es qué hacer para conseguirlo; y la verdadera respuesta es: nada. Nosotros no estamos facultados para inferir en el rumbo de la Universidad.

¿Cuál es el impedimento? Su Ley Orgánica, sin modificación alguna en más de setenta años. Nada pueden lograr las buenas voluntades de los universitarios, porque las pocas veces que se ha doblegado su autoritarimo es cuando las masas han reaccionado en medio de una crisis. No obstante, esa misma masa, en etapas de estabilidad, no tiene acceso a ninguna de las decisiones importantes que le afectan de forma directa. Cumple más de seis décadas –en 1945– desde que se instauró la Ley Orgánica para intentar alejar a la política de la academia.

Estos datos de la legislación universitaria es una de las líneas que podemos apreciar en el libro El fin de una era en la UNAM, de Octavio Solís, sociólogo y maestro por la misma institución. Sus conocimientos sobre la UNAM se fundamentan por haber sido adquiridos desde diversas áreas de la Universidad (sindicalista, alumno, profesor y consejero universitario), y se legitiman en una profunda investigación histórica y los análisis político y social que hace sobre la principal universidad de México.

Apenas sucedida la transición en la rectoría de la Universidad Nacional, aparece El fin de una era en la UNAM, editado por del Sindicato de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM), cuya labor en el área de Prensa se ha puesto de manifiesto a través de una serie de publicaciones que le han promovido como una institución impulsora de nuevos investigadores.

El libro está dividido en cuatro grandes puntos, en donde los dos primeros realizan un sucinto viaje histórico de la Universidad –desde su creación hasta la más reciente transición de rectores–, y una relación similar por las formas de gobierno que la ha traído hasta el presente. Es destacable la forma en que Octavio Solís convierte la complejidad de las tramas políticas en una interesante anécdota histórica, sin cederle espacio a la superficialidad y manteniendo la sustancia que permea a la Historia de la UNAM.

El fin de una era en la UNAM inicia como investigación desde 1929, año en que el autor reconoce la primera muestra de autonomía. Esta línea de tiempo finaliza en una revisión de dicha autonomía en la actualidad y los cuestionamientos, cada vez más sonoros, hacia las formas de gobierno que dirigen la ruta de la universidad. Cada uno de los elementos que Octavio Solís distribuye en el recuento histórico de la UNAM, funcionan para entender el proceso de cambio y, por supuesto, para comprender la necesidad de reformas que actualicen democráticamente a la Universidad.

Es notoria la vocación organizativa del autor en la subdivisión capitular de su libro, pues cada uno de los pasajes descritos se conecta de forma conceptual al resto de la investigación. La tercera parte de El fin de una era es la fundamentación teórica sobre la cual descansa la legitimidad de la Universidad Nacional y cómo esa organización legislativa le ha permitido mantener su autonomía y sostener su estabilidad a pesar de los conflictos internos.

La UNAM ha resistido diversos tipos de crisis, nos dice el autor, aunque quizá las más significativas sean dos: las injerencias de los poderes ejecutivos en la vida universitaria, que al final, han fomentado que la autonomía sea vigilada por una diversidad de actores políticos –lo cual ha fortalecido a la institución–; y la segunda, los reacomodos institucionales y políticos generados por conflictos que han roto las estructuras mediante huelgas y enfrentamientos. A pesar de la necesidad de modificaciones hacia un rumbo democrático consistente, la actual –aunque vieja– legislación ha mantenido la cohesión en la Universidad.

A pesar del descontento que durante décadas ha generado la designación de las formas de gobierno en la Universidad y la desconfianza que se han ganado los grupos de poder que dirigen a la institución, la misma estructura gubernamental de la UNAM ha impedido que exista una desobediencia masiva y continua. El análisis de la historia de la legislación universitaria y su establecimiento final en 1945, no deja dudas del porqué de su fortaleza.

El último punto y cuarto capítulo del libro es una propuesta, en forma, de una renovación a la legislación universitaria, aunada a una somera explicación de los tan manoseados conceptos de gratuidad, autonomía y libertad de cátedra, cuyos alcances se han tergiversado hasta volverse anodinos en algunos casos, aunque sus orígenes haya sido un intenso debate entre intelectuales y para instituirlo fuera necesaria la exhibición de la sangre.

Los fundamentos teóricos lanzados en el tercer capítulo encuentran cabida plena en la finalización del libro. En algún momento, el autor refiere, contundente, una apreciación sobre la legislación actual de la UNAM: la “Ley orgánica no exilió la política, sólo la secuestró para unos cuantos”. Las experiencias democráticas en la historia universitaria previa a la legislación de 1945, hicieron que de a poco, la ruta del gobierno universitario tomara cauces poco democráticos y pretendieron alejar a la academia de la política. No sucedió así. Al menos, no para todos.

La propuesta de reforma que propone Octavio Solís es tan simple, que es de lo más compleja: abrir las instancias de gobierno hacia una mayor representatividad de la comunidad universitaria. Su propuesta supera al juego de palabras cuando se enumeran, uno a uno, los artículos de la legislación que podrían utilizarse para penetrar en los órganos gubernamentales y democratizar las decisiones en la UNAM; y va más allá todavía al proponer una redacción para cada uno de estos artículos. Las posibilidades están latentes; y la propuesta real de Solís, es que las oportunidades están ahí y hay que tomarlas.

Las decisiones en la Universidad las han hecho cúpulas de poder desde antes de que nuestras generaciones comprendieran el tiempo. La Universidad es una rama, quizá de las más fuertes, de México: su historia va ligada de forma intrínseca a los movimientos políticos del país y al Estado, y en medio de una transformación de éste (violenta o no), no es casual que se hable de una pronta renovación de la casa de estudios más importante del país.

Octavio Solís abre el debate porque su propuesta es controversial. El autor propone una mayor representatividad en las instancias de gobierno –mediante representantes con extensos méritos académicos–, antes que otro tipo de propuestas que ya se han hecho en la comunidad, e incluso, propone un perfil para quien desee acceder a la “política académica”, un concepto que acuña y describe como la legitimidad basada en el trabajo académico. Es interesante porque, de esta forma, las decisiones pasarían a través de un debate verdadero entre universitarios que conozcan a fondo los problemas de cada plantel de la Universidad.

¿Qué camino tomaríamos en caso de que pudiéramos proponer las modificaciones a nuestra universidad? ¿Cuál sería nuestra propuesta y nuestra participación? Cualquier postura derivada de nuestras ideologías o historia curricular será bienvenida siempre y cuando la información respalde las palabras y las acciones. Se agradece, entonces, que dicha información venga documentada en un solo título, El fin de una era en la UNAM, que previene los cambios necesarios en la máxima casa de estudios, y que en poco tiempo formará parte de los libros sustanciales para comprender el devenir de la Universidad Nacional. Informémonos, después, que comience el debate.

Solís, Octavio, (2016),

El fin de una era en la UNAM,

STUNAM, México

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