15 abril, 2017

Yarrington: Entre la espada y la pared

El pasado domingo, el ex gobernador tamaulipeco, Tomás Yarrington Rubalcava, fue detenido en Florencia por agentes de la policía italiana; hasta ese momento, Yarrington Rubalcava figuraba en la lista de ex gobernadores corruptos, buscados desde 2012, tanto por el gobierno mexicano como por el norteamericano. Los cuales fijaron distintas recompensas para lograr su captura. El primero –mediante la Procuraduría General de la República—ofrecía 15 millones de pesos por información que arrojara con su localización.

Hasta hace unos cuantos años, Yarrington se mostraba en escena, como un corrupto más, dentro del largo historial priista; sin embargo ¿Qué se esconde tras la imagen del alumno brillante, campeón de oratoria y posible presidenciable?

El tablero de la política se reconfiguró para Yarrington, y las piezas que tenía posicionadas para asestar una jugada maestra, se revirtieron y se pusieron en su contra, causando la debacle de su carrera política, y el inicio de lo que el pasado domingo, por fin se concretó: su captura.

Nacido el 7 de marzo de 1957 en Matamoros Tamaulipas, Yarrington siempre destacó por su excelencia académica y sus dotes de orador, economista de profesión, se gradúo con mención honorífica del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

Al parecer, la vida de Yarrington era un modelo a seguir; desde su glorioso ascenso a las juventudes priistas–gracias a la oratoria– hasta el inicio de su carrera política, ocupando puestos a nivel municipal en el estado de Tamaulipas. Sin embargo, detrás de tan brillante trayectoria se escondía un trasfondo sucio y nada admirable, pero para poder conocer este trasfondo, es necesario remontarnos a su arribo a la gubernatura.

El ex priista tamaulipeco, fue diputado federal, más tarde ocupó la presidencia municipal de Matamoros de 1993 a 1995, dirigió el Comité Directivo Estatal (CDE) de su partido, en el contexto de las elecciones de diputados federales en 1997. Posteriormente decidió integrarse al equipo de Manuel Cavazos Lerma (entonces gobernador del estado) ocupando la cartera de Hacienda, para finalmente renunciar al cargo y de esta manera ser candidato a la gubernatura. Cargo que desempeñó durante el periodo 1999-2004,

Poco antes de terminar su administración, Yarrington hizo públicas sus aspiraciones por volverse candidato del tricolor a la presidencia de la república: su auto destape se dio en el contexto de pugnas al interior de su partido, particularmente de la corriente TUCOM (Todos Unidos Contra Madrazo), una corriente encabezada por connotadas figuras del priismo, tales como Enrique Jackson (coordinador de senadores), Arturo Montiel Rojas (ex gobernador del edomex), Natividad González Parás (ex gobernador de Nuevo León) y Enrique Martínez Martínez (ex gobernador de Coahuila) todos con el mismo objetivo: impedir el destape de  Roberto Madrazo.

Elaine Shannon, (corresponsal de la Revista Time) mediante la publicación de su libro Desperados hace una radiografía profunda al mundo del narcotráfico, durante las décadas de los 70 y 80. En su obra, destaca la participación de los agentes de la DEA (Drug Enforcement Administration por sus siglas en inglés) en el combate a los caciques latinos de la droga. Precisamente la DEA fue la primera en rastrear los nexos del ex gobernador con la delincuencia organizada.

Específicamente los vínculos entre Yarrington, Los Zetas y el Cartel del Golfo, a través del lavado de dinero que el primero realizó durante su gubernatura. Tal información fue obtenida gracias a la investigación emprendida por la DEA, producto de un caso judicial realizado en San Antonio Texas; todo ello, debido a la declaración de Antonio Peña- Argüelles, el cual apuntó de forma directa, los nexos que Yarrington tenía con varios líderes de los Zetas, además de hacer señalamientos respecto al asesinato del candidato a la gubernatura del estado, Rodolfo Torres Cantú en el año de 2010. Acusando al ex gobernador de haber sido cómplice de la muerte del candidato, perpetrado a manos de Jorge Eduardo Costilla Sánchez el coss, un alto jerarca dentro del cartel del golfo.

Para mayo de 2012, el gobierno norteamericano presentó órdenes para confiscar propiedades (un condominio en la Isla del Padre y una propiedad de 18.6 hectáreas en San Antonio, Texas), que según Yarrington había obtenido a manos de la delincuencia organizada.

Para el día 26 de ese mismo mes, la comisión de justicia partidaria del PRI, lo suspenderá de sus filas debido a las acusaciones que el gobierno estadounidense emprendía en su contra.

De un suceso a otro, nuestro político modelo se vio señalado por la justicia norteamericana, de forma paralela su homóloga mexicana actuó de manera tal que Yarrington quedara acorralado; desde la suspensión de sus derechos partidarios hasta la oferta monetaria de la PGR para lograr su aprehensión, el exgobernador miraba cómo su carrera política se desvanecía lentamente. Todos los intentos que realizó para evitar su captura fueron infructuosos, no se le concedió amparo y en un momento desesperado por eximirse de cualquier acusación, señaló que lo que se le atribuía era producto de una persecución política encabezada por la entonces titular de la PGR: Maricela Morales –la primera mujer que ocupó ese puesto–y ahora embajadora en Italia.

De Villanueva Madrid a Moreira y de Yarrington a los Duarte, la primera década del siglo XXI ha caracterizado al país por haber tenido entre sus mandatarios a narco-gobernadores, que pululan por encima de la ley y ofrecen alianzas con líderes de la delincuencia organizada.

Los cuales permitieron –y lo seguirán haciendo—acabar con la seguridad de la población, a expensas de cientos de miles de millones de dólares, propiedades en el extranjero  y alianzas para mantener su estabilidad política; en el caso de Yarrington la evidencia no me deja mentir, durante su administración la inseguridad no sólo se elevó, sino que Tamaulipas se convirtió en el laboratorio favorito de los Zetas para poder secuestrar, torturar y asesinar, poniendo en práctica sus conocimientos tácticos de contrainsurgencia aprendidos en el ejército.

La complicidad entre narcos y gobernadores, no es nada nuevo; desde hace varias décadas los representantes del estado han preferido mantener una buena relación con los capos que perder la estabilidad del estado, o bien ser asesinados en cualquier momento, con el tiempo esa relación se convirtió en un vicio y ya no solo se le veía como una simple alianza, sino que se extrapolaba como una empresa promisoria para poder obtener cientos de lujos y riquezas. Discrecionalidad y corrupción acompañaron esa empresa, la primera dio vestigios de que aún permanece incólume. Esto se pudo observar con la investigación que llevo a la captura de Yarrington, pues se dice que, hasta octubre del año pasado, agentes de la Procuraduría del Estado fungían como escoltas de Ruvalcaba, reitero que esto último no es de extrañar, ya Elaine Shannon en su obra, lo documenta de forma detallada, y de manera puntal señala el uso de agentes del estado (específicamente de la extinta Policía Judicial Federal) como servicio de seguridad para los capos de la droga.

Queda mucho por descubrir en la biografía de Yarrington Ruvalcaba, su detención en Italia se debe a la rápida actuación de los servicios de inteligencia norteamericanos, –de ser extraditado– habrá que esperar, que historias tendrá que contar al gobierno norteamericano para lograr un juicio razonable, del mismo modo habrá que esperar que clase de cloacas se seguirán destapando al momento que el gober confiese.

La pieza del rompecabezas que hace falta encontrar, es saber ¿qué hizo Yarrington para ser asesinado –políticamente hablando–? ¿Qué clase de partida secreta tenía? O bien ¿A quién quería sacar de la carrera por la silla presidencial? Cuando encontremos esta última pieza sabremos lo que en realidad desató su caída. Y sólo de la misma forma, lograremos entender el fin de todos y cada uno de los narco-gobernadores.

Lejos quedó de ser presidente aquel ilustre orador tamaulipeco, pareciera ser que no supo controlar la caja de Pandora y la pared de la justicia lo acorraló para que la espada política lo degollara.

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