22 marzo, 2017

El petróleo que fue de los mexicanos

Alam Yael Benal Avendaño

Sobre el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México se levanta imponente el Monumento a la Industria Petrolera, la gente pasa en sus automóviles o en transporte público, indiferente ante uno de los sucesos más importantes de México en el siglo XX y que fueron los cimientos políticos y económicos para construir una nación.

Y no es para menos haberle hecho un monumento a la industria que le brindó por muchos años dinero al país; fue un acto de valor del presidente Lázaro Cárdenas y del pueblo mexicano que el 18 de marzo de 1938 nacionalizó la industria petrolera, que se encontraba en manos de empresas extranjeras y así concretar la soberanía nacional.

En el discurso expropiatorio, Cárdenas señaló  de forma tajante y clara “Que no vuelvan a darse concesiones del subsuelo en lo que se refiere al petróleo y que sea el Estado el que tenga el control absoluto de la expropiación petrolífera”.

La Constitución tuvo que modificarse para impedir que la riqueza de México fuera a parar a países extranjeros, la sociedad mexicana comprendió la importancia de dicho acontecimiento y en el Palacio de Bellas Artes largas filas de personas de todas las clases sociales aportaron dinero, animales o joyas para indemnizar a las compañías petroleras.

A pesar del boicot que las empresas extranjeras hicieron al país, el General Cárdenas logró superar con astucia la prueba, fortaleciendo el mercado interno y buscando nuevos socios comerciales, la II Guerra mundial permitió que el bloqueo fuera eliminado.

Durante muchos años el petróleo fue la principal fuente de ingresos del país, la riqueza que brindó a los mexicanos vivienda, educación y salud, prueba de ello fueron las Unidades habitacionales que permitieron a familias obtener un patrimonio; la creación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que otorgó salud a los trabajadores y grandes inversiones a la educación, permitieron a la UNAM consolidarse como la máxima casa de estudios de la nación; y la creación del Instituto Politécnico Nacional (IPN) para crear los técnicos que el país necesitaba.

La clase media comenzó a ser la mayor parte de la población en el país, la industrialización y el fortalecimiento de la economía interna dieron la oportunidad de creaciones de pequeñas y medianas empresas, que hicieron que en las páginas de la historia se escribiera el “Milagro Mexicano”.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) obtuvo beneficio de la riqueza nacional Durante el descubrimiento de los nuevos yacimientos petroleros durante el gobierno de José López Portillo, se dijo que el país estaba “preparado para administrar la riqueza”; alcanzando la corrupción política su mayor esplendor.

El sindicato petrolero fue una de las principales fuentes de ingresos para el PRI, el saqueo a la paraestatal sirvió para obtener recursos para su gran red clientelar y la compra de votos, el saqueo a la principal industria del país fue voraz y el cambio de modelo económico neoliberal, permitió que los empresarios regresaran por el gran botín.

Las economías familiares vieron la decadencia en sus ingresos, los salarios perdieron su poder adquisitivo, las empresas comenzaron a privatizarse y a quebrar, el trabajo entró en un periodo de precarización y el país que era referente de modernidad y crecimiento comenzó con una oleada de emigración a los Estados Unidos, a ofrecer mano de obra barata y a crear empleos informales sin seguridad social.

El discurso de campaña del candidato del PAN, Vicente Fox decía que PEMEX sería la palanca de desarrollo para el país, como en aquellos años de esplendor, sin embargo el gobierno “del cambio” no fue menos corrupto que el PRI, la pareja presidencial permitió la entrega de los recursos petroleros a empresas extranjeras y se benefició de ellos.

Con el regreso del PRI, se entregó en gran medida la paraestatal a extranjeros y en la residencia oficial de los Pinos, en el salón que lleva el nombre del presidente que nacionalizó la industria eléctrica, Adolfo López Mateos, el presidente Enrique Peña Nieto declaró el 12 de enero del 2017 que “se nos acabó la gallina de los huevos de oro, se nos fue secando”, el orgullo nacional se había acabado, ellos lo mataron.

 

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