12 marzo, 2017

Un feminismo que es el 99%

Cintia Martínez

La siguiente es una breve crónica de la marcha International Women´s Strike en Nueva York, del pasado 8 de marzo, sin mayores pretensiones que relatar lo que he podido ver. No hay privilegios por ostentar, mucho menos aleccionamientos entre líneas. En su lugar hay un gusto grande por compartir la posibilidad de imaginar minorías que en realidad son mayorías. Cabe agregar, soy feminista desde hace varios años y condeno las agresiones acontecidas en la marcha del 8 de marzo en el Distrito Federal, en general, condeno todo tipo de agresiones.

Ayer me dirigía a New School, para participar en uno de los muchos eventos que se hicieron en el marco de la International Women´s Strike. Tomé el bus que va de Harlem a  Union Square. En el camino, un señor de aproximadamente sesenta años subió para quejarse de los inconvenientes que había producido una inmigrante asiática al tirarse a las vías del metro. En la historia del hombre, palabras más palabras menos:  “el drama de la asiática había perturbado su tranquilidad y su camino al trabajo”, según él, “llenó todo de sangre, ¡nada más asqueroso!”. Mientras me miraba a los ojos (a mi, que a primera vista disto de ser güera-ojo-azul) la historia del hombre fue concluida con un comentario: “malditos migrantes, ya los asustamos, sin embargo, no se largan”.  En esa Nueva York, a unos metros de distancia, cientos de personas se reunieron en Washington Square. A la entrada estaba un grupo de abuelitas sentadas en mecedoras, sus canciones de cuna perdían dulzura cuando resonaba lo anti-Trump de sus letras.

Más adelante, vi a cientos de personas prestando atención a una lista de personajes que tomaron el micrófono para cantar, recitar y hablar de sus luchas particulares. Llegué cuando cantaba  Renee Goust su “Cumbia feminazi” ¿se acuerdan? esa que circuló después de aquellos textos escritos por profesores interesados en asociar la “irracionalidad” de “Las” feministas con el nazismo. Bueno pues después de ella circularon diversos personajes: la activista transexual Octavia Leona Kohner; Jenna, miembra  del grupo de sexoservidoras Red Umbrella; Lamis Deek, activista pro palestina, muchas más. Me llamó la atención la contundencia de todas ellas al hablar de feminismo interseccional. Es decir, aquel término acuñado por Kimberly K. Crenshaw a finales de los ochenta que asume que las identidades sociales están conformadas por múltiples sistemas de opresión como raza, clase, etnia, orientación sexual, edad, por mencionar algunos.

Imagen: Cintia Martínez

Es un término crítico con el feminismo blanco afín al liberalismo que confiaba en la igualdad y en La mujer como identidad unívoca de necesidades homogéneas. Bueno pues en este evento, diversos carteles lo confirmaban, alguno por ahí que decía “el feminismo será interseccional o no será”. Y en la mayoría de los discursos, ese fue el tema. Hubo espacio en el micrófono para que dos representantes mexicanos fueran apoyados por la comunidad feminista.

Terminaron los discursos, el contingente caminó, aquello era una fiesta. Creo que uno viene con la firme convicción de que con esto no hay garantía de cambiar el mundo, pero por lo menos va a encontrar a otros inconformes y a celebrar el encuentro. Se marchó en dirección al suroeste de Manhattan, se pasó por Soho, el hotel de Trump ahí situado fue  motivo de descargas energéticas en las que los insultos perdieron estilo. Por ahí, a un costado caminaban grupos de provocadores, anarcos, con las caras tapadas, vestidos de negro. No recuerdo haber visto a personajes similares en otras movilizaciones en Estados Unidos.

De repente, algunos gritos afirmando “somos el 99%” me recordaron el Occupy Wall Street de hace unos años. Fue como volver a ver a los mismos personajes pero ahora con una firme convicción de que Trump materializaba lo que en ese entonces se reconocía como el enemigo: Trump ahora representa aquello que antes se reconocía como El capitalismo. Por ahí, un hombre asiático vestido de traje gritaba:  “De Palestina a México, todos los muros se tienen que ir” y  por allá las mujeres gritaban “ mi cuerpo, mi decisión”, los hombres respondían “su cuerpo, su decisión”. El 99%, “minoría” consciente de que forma parte de ese  99%, devolvió mi fe en esta ciudad después del episodio que había vivido horas antes en el bus. Muchos, pero muchos son los migrantes, las mujeres, los transexuales interesados en hacerle ver a ese señor del bus que él no es tan excepcional como piensa.