7 marzo, 2017

El régimen priista ¿dictadura perfecta o no?

Alam Yael Bernal Avendaño

A finales de 1990 en el programa “Encuentro Vuelta: la experiencia de la libertad”, Mario Vargas Llosa lanzó una crítica al gobierno mexicano y en específico al partido en el poder, al declarar que:

México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo, no es la Unión Soviética, no es Fidel Castro, es México. Porque es la dictadura camuflada, de tal modo que puede parecer no ser una dictadura, pero tiene de hecho, si uno escarba todas las características de una dictadura […]

El historiador Enrique Krauze hizo un señalamiento y se refirió al sistema político como “la dictablanda”. Por su parte Octavio allegado al régimen político mexicano, con un rostro molesto y voz enérgica les llamó la atención e hizo una indicación a ambos, diciendo que México era “un sistema de dominación hegemónica de un partido”.

El día 2 de septiembre de ese 1990, varios medios señalaron que la Secretaria de Gobernación presionó al poeta peruano, para que abandonara México a unas horas antes de que se llevara a cabo la XIV Asamblea Nacional del PRI y aun cuando quedaban pendientes dos mesas de discusión del programa en que Vargas Llosa había hecho su declaración.

Sin embargo en México una década antes de las declaraciones de Vargas Llosa, se llevó a cabo lo que se conoce como “la guerra sucia” –a finales de los años 60 y los 70-, este conjunto de medidas de represión política encaminadas a disolver a los grupos disidentes y movimientos subversivos al gobierno priísta, mediante grupos paramilitares.

Al igual que en la dictadura Argentina del general Jorge Rafael Videla (1976-1981) –aunque algunos autores consideran que en México se usó una guerra de baja intensidad-, en el México de Luis Echeverría y José López Portillo, se persiguió y desapareció a miembros del Partido Comunista Mexicano y demás grupos disidentes que actuaban en la clandestinidad.

A diferencia de Argentina en México no hay casos documentados de que se hacía con los hijos de los desaparecidos o asesinados, pues en el país del sur los niños recién nacidos o pocos años de edad eran entregados a militares o políticos. Sería en el año 2001 con el “gobierno de cambio”, que la revista “Día Siete” un suplemento de fin de semana del diario “El Universal” daría a conocer un reportaje de Jorge Torres Jiménez titulado “¿Dónde están?”.

En el cual se narra la odisea de Quirina Cruz, una mujer de 79 años de edad que en veintiséis años sigue en búsqueda de sus hijos, su nuera y sus dos nietos, Aleida y Lucio Antonio, desaparecidos en 1975 en medio de la “guerra sucia”.

Roberto Gallangos y Carmen Vargas fueron asesinados en un enfrentamiento con policías, sería un amigo de ellos, Carlos Gorostiola quien recogería a la pequeña niña de dos años en medio del enfrentamiento y la entregaría a su cuñada, para que se hiciera cargo de ella.

Carlos al igual que Roberto y Carmen pertenecían a la “Liga Comunista 23 de septiembre”, una organización político-militar que actuaba en la clandestinidad y que había sido fundada en 1973 en Guadalajara, Jalisco, con la intención de tomar el poder político para el proletariado e instaurar una república socialista.

Sin embargo en 1976 Carlos Gorostiola conocido como “Joel”, sería asesinado el 7 de agosto de ese año. Según su hermano, Alejandro Gorostiola y padre adoptivo de Aleida –a quien pondrían por nombre Luz Elba-, presentaba un tiro de gracia y varios balazos que al parecer fueron hechos por la espalda.

Así Aleida crecería sin conocer a su familia, sin saber la incansable búsqueda que su abuela Quirina haría por reencontrarla y conocer más sobre el pasado de sus padres. Ella estudiaría ingeniería industrial y se iría a radicar a Ciudad Juárez, hasta que el reportaje de Jorge Torres llegaría a manos de su padre adoptivo, quien inmediatamente sabía que después de veintiséis años habían encontrado a la familia de Aleida.

Por su parte su hermano Lucio que en 1975 tenía cuatro años, y que había sido herido en la pierna por una bala en el enfrentamiento por la policía, fue llevado a un hospital y posteriormente dado en adopción en 1976 por Rosendo Hernández y Francisca Valadez.

Lucio tomaría el nombre de Juan Carlos Hernández Valadez, pero a diferencia de su hermana el desconocería por completo su antepasado; su familia se negaría en todo momento en dar la localización exacta de Lucio a Aleida quien después de conocer su pasado se dedicaría a buscar a su hermano, del que sólo sabía radicaba en los Estados Unidos. Sería después de veintinueve años y con el apoyo de los medios de comunicación americanos, y una incansable búsqueda que daría con él en diciembre de 2004.

En Argentina por su parte la asociación de las “Madres de Plaza de Mayo” que surgió con la intención de encontrar con vida a los desaparecidos por la dictadura de Videla, señala que hubo aproximadamente 30 mil desaparecidos políticos entre 1976 y 1983; por otra parte también existen hoy en día otro grupo pero de “Abuelas de Plaza de Mayo” quienes señalan hay cerca de 250 niños desaparecidos en la dictadura militar.

Por su parte los documentos de esta etapa oscura de la historia de México son escasos, ya que el régimen priísta se encargó de desaparecer los archivos o permanecen en secreto por razones de seguridad nacional, no se sabe con certeza cuantos casos similares al de Aleida existen en el país, ni el número exacto de los desaparecidos producto de la “guerra sucia”.