20 junio, 2016

En el México que arde, los cangrejos están en el poder

@jorgemenecs1

Minuto 76 de tiempo corrido. La cámara hace un barrido a la banca mexicana. Los rostros de los mexicanos hablan por si mismos. ¿Enojados, frustrados? Minutos después del sexto gol de los chilenos, el portero Ochoa coloca el balón para despejar de meta. Al impactar la pelota, el estruendo se escucha: “¡Putooooo!” ¿Por qué el público mexicano le grita a su representante? ¿No era para el portero contrario?

Foto tomada del portal esto.com

En la transmisión de Tv Azteca, Cristian Martinolli nos dice lo que millones sabemos: “un veinte cero aquí no va enseñar nada”. Es notorio que el comentarista habla sobre lo que todos podemos intuir. Pero mejor: cambio de juego.

En 2005 y 2011, la selección varonil mexicana ganó los campeonatos mundiales de menores de 17 años, ¿Dónde quedaron esos logros? ¿Qué pasa en los distintos equipos de fútbol, que sus niños y jóvenes son triunfadores y en el fútbol profesional no dan el salto?

Es claro que en las fuerzas básicas y en las canchas del país se generan jóvenes exitosos, pero: ¿En dónde o cómo se hacen fantasmas de sí mismos? Las imágenes de dos generaciones de jóvenes futbolistas inflados por el televisor y cientos de comerciales que nos prometen que serán los superhéroes esperados desde hace más de un siglo de patear el balón, se desmoronan en cada torneo.

Pero algo sí es consistente entre los jóvenes futbolistas: la mayoría, están relegados del campo profesional; esto puede proyectar lo que sucede en el deporte mexicano y en la vida laboral de millones de jóvenes precarizados, desconectados.

¿En qué momento los futbolistas en México se convirtieron en el arquetipo de los ratones espantados que deben guardar silencio ante todo lo que les hagan desde el escritorio?

mexico-campeon-sub17_10071120110710¿Algo huele mal? Cuando uno pasa por un canal de aguas negras, rápido nos pega en la nariz el olor desagradable. Si nos quedamos tiempo allí, quizá la nariz se acostumbre al olor y lo tolere. Pero el mal olor está allí, no desaparece. Continúa y tal vez apesta más sin que nos demos cuenta.

¿Qué pasa con el futbol profesional en México? Un ejemplo recurrente del mejor futbolista mexicano, Hugo Sánchez, es el de la cubeta y los cangrejos. Dice el pentapichichi que si en una cubeta con cangrejos mexicanos uno intenta salir, en lugar de los demás le ayuden lo jalan para que no se escape.

Me meteré en la cubeta virtual. En la transmisión del juego entre México y Chile, en la narración, Cristian Martinolli comentaba sobre la goleada al equipo azteca: “sinceramente, conociendo cómo se maneja el futbol mexicano, aquí no van a arreglar nada”.

¿A quién le conviene que en un equipo de la liga mexicana tenga mayoría de extranjeros y naturalizados en la cancha?

Si tenemos dos generaciones de campeones mundiales que comienzan a salir a jugar a Europa, el asunto de que el futbolista mexicano es mediocre es parecido a decir que el mexicano es huevón o conformista.

¿Por qué los dueños del balón deciden comprar que producir? ¿Será parecido a producir petróleo y comprar gasolina? ¿Quiénes ganan? ¿El problema es estructural o de mentalidad? El asunto de fondo es visibilizar las redes económicas y políticas detrás del balón.

Si los jóvenes que ganaron el mundial no son ejemplo de un ingreso a la vida laboral con una graduación soñada, entonces algo apesta en el canal; los cangrejos que están tapando la salida de talentos están ganando algo. ¿Quiénes son los cangrejos?

¿Qué empresa en el mundo, teniendo un producto exitoso decide cerrarle las puertas a la producción de talentos? ¿Cuál es la lógica? ¿Quién gana con múltiples transacciones de futbolistas extranjeros en el interior y exterior del país?

seleccion_mexicana_141013_1Cuando los conservadores impusieron a Maximiliano en el siglo XIX, surgió el canto de los cangrejos, en mofa a los conservadores que daban “un paso pa delante y otros para atrás”, intentando que nada cambiara, para continuar con los privilegios de unos cuantos.

Los cangrejos del futbol mexicano tienen redes que impiden el crecimiento de los jóvenes y al que levante la voz lo meten en la cubeta y sin que los otros se den cuenta, lo mandan al caño.

En un país donde se mueven cientos de millones de dólares por comercialización de un producto llamado “selección mexicana de fútbol”, es indispensable que se visibilicen las redes de compadrazgo y corrupción que brotan en cada equipo de futbol.

Los cangrejos patriarcas del futbol mexicano tienen sus propios códigos de honor. Así como la mafia, pactan. Hacen caso omiso de las notas internacionales que salpican al futbol en México sobre lavado de dinero, sobre la multipropiedad y sobre el subsidio que dan los gobiernos estatales a equipos privados: Chiapas, Oaxaca y Veracruz, estados que tienen municipios con niveles de pobreza y violencia comparables a contextos en guerra civil. ¿Aquí ya hay guerra civil y no queremos verlo?

Sin duda, el ejemplo de la relación entre los dueños y sus mejores activos, los futbolistas, es el pacto de caballeros. Los acuerdos metalegales que emulan al sistema político mexicano, donde las cúpulas –no sólo el presidente– ahora tienen poderes por debajo de la mesa, desde donde observa al hervidero de cangrejos buscando carroñear. Darwin no lo vio, pero en este país, los cangrejos patriarcales tienen parentesco con las hienas.

Lo metalegal omite las leyes internacionales en materia de contratos laborales. Si en un país donde el futbol espectáculo es consumido por millones y son evidentes los amaños laborales para no otorgarles derechos a los futbolistas, ¿qué se puede esperar de los derechos laborales de los electricistas, de los maestros? ¿Seremos crías de cangrejos criminalizando a los que exigen sus derechos y no nos damos cuenta?

El aficionado en México sabe cómo se maneja el futbol mexicano: sabe quiénes lo manejan, sabe desde dónde lo manejan, sabe quiénes son los cangrejos alfa que ofrecen un producto que se vende como pan caliente, pero que al consumirlo en cada competencia, dan agruras estomacales y emocionales más que satisfacciones.

Crucificar a los “malditos ratones” ya no es opción. Guardado es venerado en Holanda; Chicharito es un delantero de élite en Alemania; Herrera se pasea por el medio campo en Portugal, como un general.

Miles de jóvenes juegan en las escuelas mostrando su talento cotidiano. ¿Entonces? Los cangrejos tienen secuestrada la cubeta, necesitamos aceptarlo y visibilizarlo: ya no es posible cantar y llorar en dos horas; ya no es posible seguir consumiendo un producto sin exigir a los dueños de la fábrica de sueños, la garantía.

La otra opción es aceptar la retórica de que tenemos el espectáculo que nos merecemos. La resistencia en el mundo globalizado, se observa desde lo local. México está ardiendo, pero no por la derrota contra Chile. Ojalá el juego sea un vínculo para mostrarnos que podemos meterle gol a los que tienen secuestrado el presente del futbol en México, porque como dicen los pericos de los cangrejos cuando están frente a un micrófono: “es el equipo de todos”.

Tomémosle la palabra, no consumamos chatarra.

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