7 mayo, 2016

La cultura del desapego político en México

Osmar Cervantes González @IOsmarCervantes

Aristóteles definió al ser humano como un zoon politikón, cuya expresión –que significa literalmente “animal político”– hace referencia a la inherente capacidad que tienen los individuos para relacionarse entre sí y políticamente. A 2 mil 500 años de distancia, dicha concepción no ha sido rebatida, pues es evidente que lo que nos diferencia del resto de los animales es la capacidad de organizarnos política y socialmente.

Aunque el filósofo griego no se equivocó al hacer esa afirmación, el contexto político actual en el ámbito de la participación ciudadana atenta contra esa idea, pues –de acuerdo con los índices de desafección política– la desconfianza que existe hacia las instituciones políticas ha incrementado, la cual ha ocasionado, entre otras cosas, que la ciudadanía se involucre poco en los asuntos político-electorales. Por ejemplo, el abstencionismo electoral, ocasionado por la falta de representación política, refleja el déficit de participación social en asuntos que le atañen a la sociedad misma, y ponen en evidencia las deficiencias del sistema democrático en México, ya que la poca participación ciudadana es, sin duda, la antítesis de un Estado democrático.

MÉXICO, D.F., 13AGOSTO2013.- Integrantes del Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior (Maes) realizaron una jornada político cultural con representaciones teatrales frente a las instalaciones de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en el Centro Histórico. Mientras se llevaba a cabo la mesa de diálogo entre esa organización, autoridades de la SEP y representantes de diversas universidades. Ahí continuan la discusiones sobre la demanda de los jóvenes para obtener mayores espacios en instituciones públicas de educación superior. FOTO: JUAN PABLO ZAMORA /CUARTOSCURO.COM
MÉXICO, D.F., 13AGOSTO2013.- Integrantes del Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior (Maes) realizaron una jornada político cultural con representaciones teatrales frente a las instalaciones de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en el Centro Histórico.
FOTO: JUAN PABLO ZAMORA /CUARTOSCURO.COM

Periódicamente estudios realizados por organismos públicos y privados, nacionales e internacionales[1], muestran que la ciudadanía se involucra cada vez menos en asuntos de carácter político, y la poca o –en el peor de los casos– nula confianza en los partidos políticos y en las instituciones gubernamentales son ejemplos que vislumbran el adverso escenario político-electoral del futuro en términos de participación ciudadana.

La desafección política es un asunto grave y, en realidad, poco novedoso en nuestro país. Históricamente México siempre ha sido un país con poca participación política, lo que ha propiciado una tendencia participativa desfavorable con la que queda en evidencia que aún nuestro país dista mucho de ser considerado un Estado verdaderamente democrático.

La pobre representación de los intereses de los ciudadanos, las violaciones frecuentes a la ley por parte de los funcionarios gubernamentales, los procesos políticos de legitimidad dudosa e instituciones con insuficiente credibilidad e ineficaz desempeño, son algunos elementos que explican el desapego político por parte de la sociedad mexicana. Es importante mencionar, por otra parte, que esa falta de participación no es algo que se le deba atribuir sólo a la ciudadanía, sino también al gobierno que pocas veces toma en cuenta las peticiones y las opiniones de los ciudadanos, desalentado así su participación.

Actualmente las acciones llevadas a cabo por el gobierno para mitigar los problemas que atañen a la sociedad no han sido efectivas, y a pesar de que algunos medios de comunicación afirman lo contrario, la desconfianza que hoy existe hacia el gobierno y sus instituciones es innegable[2]. La realidad del país ha reconfigurado la perspectiva de las personas, la desafección política (cuyos índices han incrementado en países subdesarrollados) y, en consecuencia, la falta de participación ciudadana son en gran medida producto del funcionamiento gubernamental.

Hoy en día el gobierno se enfrenta a nuevos retos: sus instituciones deben actuar con diligencia ante el comportamiento de la sociedad con el propósito de mejorar su desempeño y recuperar la confianza de los ciudadanos, que es  indispensable para fortalecer la institucionalidad democrática e incentivar la participación ciudadana para que, a su vez, las personas se sientan tomadas en cuenta y, por tanto, confíen en las instituciones, sus instituciones.

Hay que tomar en cuenta que la desafección política que existe en nuestro país es también producto de la deficiencia cultural cívico-política de gran parte de los ciudadanos, quienes han sido instruidos en recintos educativos cuyos programas de estudio no están orientados a fomentar una cultura política participativa que los invite a reflexionar sobre el acontecer político, económico y social. Evidentemente la desafección política también tiene un origen educacional que pocas veces se pone de manifiesto. Sin lugar a dudas, hoy en día las instituciones gubernamentales deben priorizar en la implementación de políticas educativas no sólo administrativas (como lo hace la Reforma implementada recientemente) sino también de contenido que, entre otras cosas, coadyuve a fomentar valores democráticos para así alentar la participación política en los estudiantes.[3] México requiere de una sociedad crítica, exigente, organizada y participativa, que sea determinante en el acontecer político del país.

La participación política se ha visto mermada en los últimos años, y esto no es simple casualidad sino consecuencia de los actos corruptivos dentro de los partidos políticos e instituciones de gobierno. Indudablemente los funcionarios públicos han traicionado su función social, y lo que debería ser su prioridad ha pasado a segundo término anteponiéndose intereses particulares; no obstante, esto no debe ser motivo para desentenderse de la política, los individuos deben reconocerse como entes determinantes del actuar gubernamental, participar en las elecciones y exigir con diligencia sus peticiones a sus representantes, quienes tienen la obligación de atender sus demandas.

[1] Algunos de los estudios más serios que se han hecho al respecto son los del politólogo español Mariano Torcal, quien ha estudiado el tema de la desafección política en América Latina. En México destacan la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP), realizada por la Secretaría de Gobernación y el INEGI, y el Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México, del Instituto Nacional Electoral.  

[2] De acuerdo con los datos más recientes de la ENCUP (2012), en cuanto a confianza institucional, los gobernantes y partidos políticos fueron los que recibieron la peor evaluación por parte de los entrevistados.

[3] Según el Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México 2014, “a mayor nivel de educación e ingreso los ciudadanos tienden a confiar más en las instituciones y organizaciones políticas”.